Crónicas de Dantés
I want you to know one thing...
03 julio 2011
Something Blue
Es Azul.
El azul más azul de todos.
Es una caja, una caja azul.
Una caja de policía.
Al menos, eso es lo que se ve en el exterior.
Por dentro es distinto.
Por dentro, por cierto, es mucho más grande que por fuera.
Por dentro tiene una consola central, un guardarropa, habitaciones y corredores interminables, una biblioteca y una piscina. La cual, por cierto, está en la biblioteca.
Una vez que uno logra comprender esto, es mucho más facil comprender que aparte sea capaz de moverse. De viajar en el tiempo y el espacio.
Todo el universo, todo el tiempo, están a la disposición de su tripulante: El Doctor.
Mi primer encuentro con el Tardis, que así se llama, ocurriría cuando yo tenía unos 7 u 8 años. Por ese entonces le servía de transporte a un individuo con una bufanda enorme, y visitaban lugares sorprendentes. Ah, y encontraban monstruos. Muchos monstruos.
Era innevitable soñar y viajar junto con ellos, así fuera con los ojos entrecerrados.
Pero no es del Tardis, ni del Doctor, de quien iba a escribir. Pero las letras cambian, la vida las deja atrás.
Originalmente, hace ya algún tiempo, iba a escribir de otra caja, de una caja amarilla con luces en la puerta. Una caja muy sencilla que también servía de medio de transporte, y que visitaba lugares adonde el Tardis no podía llegar.
Imáginense.
Fuera del tiempo, fuera del espacio. Más allá del espacio entre mundos, del planeta imposible y de la Proclamación de la Sombra.
Y es que esa caja, viajaba adentro de los libros.
Le llamaban el Exprimidor de Libros.
Esa caja era un dispositivo con el que los personajes de la serie podían unirse al grupo en busca del centro de la tierra, conocer a Robinson Crusoe, o revivir todas esas historias clásicas que por entonces ya leía ávidamente.
Originalmente, la intención de este escrito, era recordar todos esos libros. De cómo compré mis primeros libros cuando era pequeño, y como finalmente vinieron a dar a manos de mis hijos. Si, los tengo todavía.
La intención era decir, al final, que mis libros favoritos me habían dado uno de los momentos más alegres de mi vida y esta vez sin siquiera abrirlos.
Pues los veía ahora en manos de mis hijos.
En un principio, la intención era expresar, gritar y dejar salir, lo orgulloso que me siento. A sus nueve años, devoran los libros. Pasaron, como yo, de los comics a los libros de una forma natural pero vertiginosa.
Y lo estoy, eso no ha cambiado. Si acaso lo estoy más.
Si embargo, el escrito se quedó atrás, en el tintero, demasiado tiempo. Y los niños siempre lo sorprenden a uno.
Por eso comencé con la otra caja.
Perdí la pista del Tardis al mudarme de ciudad, cuando todavía era pequeño, no mucho más allá del momento en que relataba al principio.
Vine a reencontrarlo muchos años después, cuando la BBC reaundó la producción de la serie, ya en la novena encarnación del personaje. Y como niño pequeño, se vuelve uno a entusiasmar. Y este entusiasmo probó ser contagioso.
Tanto a mi Princesa como a mis enanos, les encanta Doctor Who.
Los enanos van un poco más atrás, apenas y conocieron al Noveno, cuando ya, brincando regeneración y todo, han visto ya algunas de las aventuras del Décimo. Van bastante más atrás, apenas y llegarán a la Pandórica.
Tuve que alterar el orden lineal, para evitar de nuevo un par de visitantes inesperados: Las pesadillas. Me fallaron los cálculos al llegar a Naufragio del Byzantium, plagado de Ángeles de Piedra.
Pero, aún así, están tan entusiasmados, como yo. Como el yo de nueve años que todavía espero viva por aquí en recorriendome la sangre, brincando en mi corazón.
Curiosamente, al igual que Haydeé, ellos prefieren al Décimo doctor, antes a que su sucesor. Yo todavía no me decido.
En fin, el asunto es este...
Este escrito es para recordar y para dar un mensaje.
Escribo, de forma completamente egoista, acerca del Tardis y de mis enanos, pues me divierte estar con ellos, me encanta que sea una de las mil cosas que compartimos juntos. Y uno de los muchos momentos que podemos disfrutar, como niños los tres.
Después, el mensaje no ha cambiado.
Me siento profundamente orgulloso de mis hijos y quiero decirlo por todos lados.
Quiero que permanezca esta nota aquí, casí la última, como un testimonio del inmenso cariño y admiración que les tengo a mis hijos.
He aquí el cómo los niños nos sorprenden siempre:
Una tarde, estaba trabajando en la computadora, y me brota uno de ellos al lado, en silencio y con una enorme sonrisa. - "Ven."- me dice y me toma de la mano. Me llevó a la sala.
- "Cierra los ojos." - Me dice sin dejar de sonreir.
No necesitaba cerrarlos realmente, pero querían darme una sorpresa, y fue lo que pensaron. Y vaya que lo consiguieron.
Me dieron una sorpresa enorme y me regalaron una sonrisa que todavía no se borra del todo de mi rostro.
Cerrando los ojos a medias, los escuché.
Primero uno, luego el otro.
Los dos, de oido.
Los dos muy bien, aún siendo un primer acercamiento.
Apenas un fragmento, pero lo reconocí de inmediato.
Con una enorme sonrisa, con la misma con la que escribo estas líneas.
Mis hijos me dieron un regalo: El regalo de la Música.
La pieza corresponde al Décimo Primero. Se titula "I Am the Doctor"
Si, es su tema, pero es Mi Regalo...
Ellos me lo dieron con sus propias manos.
Con sus pequeñas manos, que alguna vez tomaba para que pudieran dormir.
Aquella tarde, con los ojos cerrados, y muriendome por abrazarlos.
Los escuché...
Lo estaban tocando en el piano.
"A mis Pequeños Señores, con todo mi Amor. Papá."
Etiquetas:
Familia,
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